La Historia de Este Orquiamor


Hace muchos años en una galaxia muy lejana.... Comencé, gracias a mi madre, a amar a las orquídeas, creo que no con la suficiente pasión ni devoción puesto que este amor solo se limitaba a comprar plantas de orquídeas y cruzar los dedos para que no muriesen y con esto nunca era suficiente, siempre se morían  ¡las muy ingratas! Sufríamos mucho mi madre y yo al ver sus amargos destinos, pero cuando nos recuperábamos del dolor volvíamos a la carga, con  ilusión, a por otra u otras víctimas.....

Para no hacer esta historia muy larga os resumo, que me casé y me fui de casa, me cambié de país por amor y ya emancipada y con piso propio, o del banco como se dice aquí, decidí darle alma y color a mi vivienda adoptando alguna planta con flor.... Y otra vez a sufrir!, más o menos 1 vez al año compré una hermosa orquídea híbrida casi siempre rosa. Después de estar adornando mi saloncito un mes, decidía que era tiempo de marcharse al otro mundo y dejarme a mi desesperada echándole agua todos los días, seguido de lo cual se marchitaba más rápidamente.

Luego, enfadada por su poca empatía, la dejaba en un rincón en donde la muy hija de su madre, en soledad, permanecía viva unos meses (siempre y cuando yo no me atreviese a "cuidarla") donde luego terminaba muriendo de sed irremediablemente.

El momento de tirarla con todo y maceta, siempre doloroso, se alargaba otro mes más y finalmente un año después  con la herida sana y olvidado el trauma me topaba con otra hermosisima orquídea rosa que me llamaba para que la llevase conmigo a casa...

Todo esto sucedió cíclicamente a lo largo de ... Siendo prudente... 7 años más, hasta que un día en un nuevo trabajo como sustituta, el despacho que me toco ocupar fue el de un amante de las orquídeas, Júlio,  que tenía dos ejemplares de phalaenopsis en flor rebosantes de belleza, vida y energía y que para mi sorpresa ¡no eran recién compradas!.

Pregunté que quien las cuidaba, puesto que el dueño tenía más de un mes que no estaba y una compañera me señaló a una tímida señora llamada Mary, rubina y pequeñina, que hacia la limpieza del centro y que además le encantaban todas las plantas y se le daba de maravilla.

Le comenté a mi compañera , Delfina, el triste destino de mis orquídeas y de su ingratitud y en ese mismo momento se me ocurrió, ya que a veces soy muy descarada, que les iba a traer mi última orquídea muerta, según yo,  pero que tenía dos hojas todavía verdes aunque finas, blandas y arrugadas y una pequeña raíz de 1 cm. a ver si podian hacer algo por ella.... Ahí comenzó todo....

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